Carta Pastoral al Pueblo Colombiano y a nuestras Iglesias Hermanas ante las Amenazas contra Defensores y Defensoras de Derechos Humanos y contra las Iglesias de Barranquilla

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Felices quienes trabajan por la paz, porque serán reconocidos como hijos de Dios (Mateo 5:9)

El día 15 de enero, a través de algunos los medios masivos de comunicación (http://www.elheraldo.co/judicial/nuevas-amenazas-lideres-y-defensores-de-victimas-180448), el país se enteró de las amenazas en la ciudad de Barranquilla contra defensoras y defensores de derechos humanos y contra las iglesias de la ciudad mediante panfletos que se había hecho circular desde el día domingo 11 de enero, primer domingo de Epifania.

A la impresión inicial de consternación se sumó las declaraciones del Representante del Alto Comisionado de Derechos Humanos de Naciones Unidas en Colombia, Todd Howland, quien informó al país que tales denuncias no eran hechos aislados, sino que se estaban presentando por todo el territorio nacional. Además informó que la fiscalía colombiana estaba adelantando importantes investigaciones sobre estas amenazas que han ayudado a desmantelar atentados en contra de personajes de la vida nacional, entre ellos el defensor de derechos humanos José Humberto Torres.

Estos hechos nos hacen un llamado como ciudadanos y cristianos a reflexionar sobre la grave situación de deterioro moral y espiritual que aqueja a un sector de nuestra Patria que persiste en seguir utilizando las amenazas, violencia y la persecución para acallar los anhelos de paz de millones de compatriotas.

Esta situación de persistencia en la violencia la señaló en 1880, Rafael Núñez, padre de la Constitución de 1886, quien escribió: "En Colombia parece ser que la Paz es la excepción y la Guerra la constante." Esta afirmación, que desafortunadamente se mantiene incólume pese al paso del tiempo, pone de manifiesto que sociedad que necesita superar los métodos violentos para resolver el conflicto armado que estamos viviendo durante los últimos 50 años.

Consideramos desde nuestra perspectiva de fe que estas últimas amenazas son un recursos de los sectores que persisten en mantener la guerra para atemorizar al pueblo colombiano y desarticular a los sectores sociales y las iglesias que vienen trabajando para que la negociación que adelante el gobierno colombiano con las FARCS y los acercamientos con el ELN nos lleguen a un acuerdo que ponga fin al conflicto armado que hemos tenido durante los últimos 50 años. Por esta razón amenazan a los defensores y defensoras de derechos humanos de muerte y los acusan de hacer parte de la guerrilla, por decir la verdad sobre la penosa situación de violencia y de los derechos humanos en Colombia, verdad que reconoce el Estado Colombiano, que hace esfuerzos por mejorar dicha situación, con la ayuda de Naciones Unidas, Naciones amigas y la Comunidad Internacional.

Las amenazas contra las iglesias en Barranquilla y contra 5 de sus líderes, consideramos son producto del compromiso evangélico de las comunidades religiosas que han venido incrementando el trabajo de apoyo a las comunidades que son víctimas de la violencia y en la construcción de la paz y la reconciliación en los últimos años. Esto se ha visto reflejado en que las iglesias, parroquias, comunidades religiosas y confesiones de fe son amenazadas, a tal punto que muchos hermanos sacerdotes, frailes, monjas, pastores y líderes que acompañan a las comunidades han debido abandonar la ciudad y hasta el país porque se les estigmatiza por:

  • Decir la verdad conforme al evangelio: "conoceréis la verdad y la verdad os hará libres" (Juan 8.32), sobre la realidad de un país con más de 6.8 millones de víctimas producto de la violencia que estamos viviendo.
  • Apoyar el proceso de paz conforme al evangelio: "bienaventurados los que trabajan en la construcción de la paz, porque serán reconocidos como hijos de Dios" (Mateo 5.9), como si tal proceso no estuviera siendo adelantado por el mismo Gobierno Colombiano, con el aval y apoyo de Naciones Unidas, Estados Unidos y toda la Comunidad Internacional occidental.
  • Brindar sus servicios religiosos sin discriminación no importando el bando al que pertenezca cada quien conforme al evangelio: "yo no rechazo al que a mi viene" (Juan 6.37). Nuestra misión religiosa no es otra que salvar las almas estén donde estén y vengan de donde vengan: "yo no he venido para condenar sino para salvar" (Juan 3.17).

Por ello consideramos que estas amenazas constituyen persecución religiosa ya que intenta impedir que desarrollemos de manera libre nuestro trabajo pastoral y humanitario con las personas que sufren las consecuencias del conflicto armado y participar de la construcción de paz en Colombia como lo pide el evangelio. Esto es una violación a los Derechos Humanos consagrados en la Declaración Universal de Derechos Humanos de Naciones Unidas (arts. 18 y 19) y demás cartas y pactos internacionales suscritos por Colombia, a la vez que una violación flagrante de nuestra Constitución Política.

POR ESTA RAZON EXHORTAMOS Y HACEMOS UNA LLAMADO

Al Estado Colombiano a reconocer que todo Estado existe para guardar la vida, honra, libertad y bienes de los ciudadanos y ciudadanas, y cuando un Estado no puede cumplir con su razón de ser este debe replantear el "contrato social" y revisar en que se está fallando y hacer las depuraciones y correctivos que lleven a la nación a enderezar su rumbo. En esta perspectiva el actual proceso de paz debe contribuir con un nuevo acuerdo político en Colombia que permita reconocer que todos tenemos responsabilidad de superar tantos años de violencia que hemos vivido, pues como lo enseña la Palabra de Dios hay pecado de comisión o acción, lo malo que directamente hacemos, y hay pecado de omisión, no hacer lo bueno que sabemos debe hacerse o peor aun permitir que se haga el mal que daña a nuestros hermanos y hermanas.

Por ello como Iglesias de Dios hacemos un llamado al Gobierno Nacional, a los Gobiernos Departamentales, Distritales y Municipales, a los sectores políticos y a toda la sociedad civil, para que como se ha hecho en otras naciones, apliquemos el principio evangélico del arrepentimiento ante toda la violencia que nos ha hecho tanto daño y como una sola nación pidamos a Dios que nos perdone. En este proceso necesitamos comprometernos a reformar nuestro sistema político, legislativo, educativo y económico que permita superar la pobreza, la desigualdad y toda forma de discriminación para que de manera libre, segura y democrática podamos participar en la construcción de la paz y el bienestar de todas las personas que habitan nuestra patria.

Hacemos un llamado a todas las iglesias, concilios de iglesias, parroquias, diócesis, arquidiócesis, comunidades, organizaciones y confesiones religiosas para que siguiendo las Palabras de Jesús nos unamos en la tarea evangélica de construir caminos de paz, reconciliación y convivencia entre todos los colombianos sin distingo de ninguna clase, confesión religiosa e ideología política.

A nuestras iglesias hermanas de la comunidad internacional les invitamos para que sigan orando por nosotros e incrementen su acompañamiento y apoyo para que podamos construir una paz duradera en Colombia que esté soportada en el mansaje del evangelio que nos invita a trabajar por una paz que es fruto de la justicia.

La bendición de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo esté con ustedes.

Iglesia Anglicana del Caribe, Presbiterio de la Costa de la Iglesia Presbiteriana de Colombia, Iglesias Menonitas de Barranquilla, Servicio Paz y Justicia en Colombia.